domingo, abril 26, 2015

Templo del Pocito


En las faldas del cerro del Tepeyac brotó un manantial. La gente lo consideró desde siempre una señal inequívoca del lugar exacto en donde Juan Diego había hablado con la Virgen. La fama corrió como el agua: pronto se convirtió en un foco de infecciones pues la gente bebía y se lavaba heridas en el mismo sitio.

Para contrarrestar este problema se le cubrió con una techumbre que al paso de los años resultó insuficiente. Por ello, el arquitecto Francisco de Guerrero y Torres levantó una iglesia alrededor del pozo años más tarde. Todas las obras fueron realizadas sin que nadie, albañiles o ayudantes, cobraran un peso por su trabajo, terminado en 1791. El sello particular de esta pequeña capilla, joya arquitectónica del estilo barroco, es su forma, pues es la única de base circular, o céntrica, que, levantada en aquella época, se conserva en nuestro país. Esta característica permite que el visitante perciba el espacio poco a poco, como si éste se escondiera.


El movimiento que le imprime a la cúpula la decoración en zigzag, lo mismo que las líneas multiformes utilizadas en las ventanas, contribuye a crear esta atmósfera de movimiento. Es interesante hacer notar que todos los símbolos que cargan los angelillos pintados en la cúpula, son los símbolos marianos que aparecen en la Letanía Lauretana, parte final del rezo del Rosario: espejo de virtudes, torre de David, estrella de la mañana, etc. Otro elemento de la decoración que vale la pena observar es el Juan Diego que sostiene el púlpito de madera.

http://es.catholic.net/op/articulos/2040/capilla-del-pocito.html